domingo, 2 de octubre de 2016

Nueva Entrada



Por cuestiones de tráfico en la Autopista Norte, vía que muchos de nosotros cogemos para dirigirnos hacia la Universidad de La Sabana,  la clase se demoró en empezar, retardándose alrededor de veinte minutos. Yo llegué cerca de las siete y cincuenta de la mañana al Alma Mater. Estaba haciendo un clima extraño, como los que ahora son habituales en el sector, un clima con un aire frio y un sol picante y molesto, que encandelilla los ojos. Estaba a punto de entrar al edificio del K, en donde se desarrolla la clase de Etnografía Virtual desde el comienzo del semestre, cuando vi al profesor Juan Sebastián Cobos en el murito de tal edificio. Él me vio de lejos y nos saludamos con señas. Luego, dudé si acercármele a pedirle excusas por no haber asistido a la clase de hace ocho días, o subir directamente al salón. Decidí aproximarme. Afortunadamente, en la clase de hace quince días le había pedido algunos consejos para la actividad que iba a estar haciendo el día de la clase que estuve ausente y él se acordó. El profesor fue muy gentil y me preguntó cómo me había ido y cuándo podía ver todo el documental completo. Lo invité cordialmente a la premier que será el 21 de octubre, ahí, en La Sabana (a la cual todos están invitados también).

A pesar de que subimos tarde al salón, no había llegado casi nadie. El profesor esperó cerca de cinco o diez minutos y, por respeto a los que ya habíamos llegado, empezó la clase. Empezamos, como es costumbre, con el resumen de mil doscientas palabras sobre qué se hizo la clase anterior. Esta vez no leímos ningún texto, pero vimos video blogs de 2 de nuestros compañeros, que, en el momento, no recuerdo el nombre. Me parecieron muy buenos y útiles, ya que me pusieron al tanto de los temas vistos  en la clase que no pude estar. Cabe reconocer el esfuerzo de los compañeros que se atreven a hacer video blogs. Sé que para muchos es fácil hablar frente a cámara, pero también sé que para muchos otros es muy difícil y que nunca lo habían hecho. En todo caso, los felicito por esa experiencia. En mi caso, es mucho mas fácil escribir que hablar en cámara (o en público). El profesor, luego de ver los video blogs, los felicitó por atreverse a aceptar tal reto y nos recordó a todos que no era obligatorio hacer un video si no queríamos, pero que era una muy buena experiencia de aprendizaje.

Luego de esto, el profesor Juan Sebastián Cobos hizo pasar al frente a tres grupos que estaban a cargo de las exposiciones. Los tres grupos expusieron temas interesantísimos. Recuerdo que uno de ellos expuso un tema muy interesante acerca de un estudio del comportamiento de las personas cuando están expuestas al público - o se sienten observados – y cuando están solos. Las conclusiones del experimento fueron, básicamente, que las personas, cuando están rodeados de la presión de un lugar pública, en donde pueden estar siendo vigilados, observados o juzgados, actúan diferentísimo a la manera en cómo actuarían si estuvieran solos.  Por ejemplo, si una persona entra al baño y este se encuentra sólo, probablemente no se lavará las manos. En cambio, si el baño se encuentra lleno, sentirá la presión para lavárselas. Sinceramente, en el momento de la exposición no entendí muy bien el porqué de este tema, y en qué se relacionaba con la Etnografía Virtual. Ahora, escribiendo este resumen, me doy cuenta de que tiene muchísimo que ver: las personas, no están solas en Internet. Las redes sociales son un convivir constante de millones de personas de cualquier parte del mundo en todo momento y eso hace que los comportamientos en la red sean diferentes. Nadie escribe tal cual y como habla y nadie habla tal cual y como habla. Ahí, en ese simple y pequeño detalle, se evidencia que las personas cambian de actitud al publicar cualquier cosa en la web. También, se evidencia esto, cuando alguien comenta cualquier cosa sobre algún tema de debate social, solo por no quedarse atrás y estar en la lista de los comentarios.

 A parte de esta exposición, me pareció muy interesante la del último grupo que habló sobre los términos y condiciones que las redes sociales y algunos dispositivos nos hacen aceptar. Me pareció abrumador saber que estos documentos están perfectamente bien diseñados para que el usuario no los lea. Usan una letra pequeña e incómoda para la vista, párrafos supremamente largos – algunos escritos en mayúsculas – y una extensión cansona para renunciar a leerlos con tan sólo empezar a leer. Al nosotros clicar en “ACEPTO”, estamos dando permiso a los creadores de esa red social o plataforma a acceder a nuestros datos para que los usen a su disposición. Si bien es cierto que algunas de estas plataformas dan la opción de brindar al usuario toda la información personal adquirida, es cierto también que debemos cuidar nuestras publicaciones a capa y espada, pues lo que una vez se publica, es imposible borrarlo definitivamente.  Los datos quedan volando en las arterias de la web y cualquiera puede usarlos para hacer lo que quiera, porque tú ya firmaste el contrato, con sólo pulsar “acepto”.  


Este fenómeno es tan monstruoso, que una plataforma puede rastrear los pasos de alguien  a lo largo de sus  días y rutinas sin que él ni siquiera lo imagine. Incluso, alguien puede coger cualquiera de las fotos de cualquier persona y usarlas para panfletos pornográficos, por ejemplo, con todo el derecho a hacerlo, porque al aceptar los términos y condiciones, se dio la luz verde para hacerlo. Esto es un arma de doble filo, porque, como ya lo mencioné anteriormente, los datos personales pueden ser usados para mal o para bien. Si se usan para bien, pueden ser usados para beneficio de la infraestructura de vías, hoteles o sitios turísticos  y también, en pro de una navegación mas cómoda del usuario por la web.

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